Tres escritores de Medellín exploraron Bogotá y otros tres viajaron desde la capital hasta Medellín para el mismo ejercicio. El resultado: un libro coeditado por la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Alcaldía de Medellín con el apoyo de Comfama, un trabajo de apertura al asombro para vencer prejuicios, que muestra realidades de ambas ciudades, facetas tal vez desconocidas o que se les volvieron paisaje a sus propios habitantes.
El escritor Gilmer Mesa y la cronista Paula Camila O. Lema, ambos de Medellín, se fueron para Bogotá, cada uno por su camino, y lograron resultados bien distintos: Gilmer relató claves de lo que para él es la bogotanidad, abordando el centro, el tráfico, las panaderías, los paraderos de buses, lugares y no lugares, e hizo especiales descubrimientos en el sur. Paula, en cambio, tuvo dos focos en su viaje: entrevistar al artista Leonel Vásquez en el alma de la montaña y cerrar una historia de amor que vivió hace años en la capital.
- Gilmer Mesa
- Paula Camila O. Lema
Gilmer Mesa y Paula Camila O. Lema, dos de los autores del libro Bogotá y Medellín contadas.
Una experiencia diferente fue la del bogotano Andrés Ospina, que se vino para Medellín y escribió su Manual de supervivencia rola en laderas ajenas. Sus colegas, la barranquillera Claudia Amador y el caleño Juan Salazar Piedrahita también viajaron de Bogotá a Medellín para contar historias de esta ciudad, mientras que la medellinense Isabel Botero, quien vive en Bogotá desde hace un año, exploró los Cerros Orientales y ofreció su mirada de la capital.
- Claudia Amador
- Andrés Ospina
Andrés Ospina y Claudia Amador, dos de los autores del libro Bogotá y Medellín contadas.
Seis escritores con un hilo conductor: las montañas, protagonistas de la vida de estas dos urbes colombianas. “En las montañas de dos ciudades hermanas se tramitan las heridas más profundas, la violencia, la exclusión y el miedo”, dice el bogotano Santiago Rivas en la presentación de Bogotá y Medellín contadas, un hermoso libro coeditado por la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Alcaldía de Medellín con apoyo de Comfama, una obra que nos hace pensar en los prejuicios regionalistas para cuestionarlos y vencerlos.
- Isabel Botero
- Juan Salazar Piedrahita
Juan Salazar Piedrahita e Isabel Botero, dos de los autores del libro Bogotá y Medellín contadas.
Las alcaldías imprimieron unos 15 000 ejemplares para distribuir en las dos ciudades, en Transmilenio y el sistema Metro, en bibliotecas y otros espacios públicos. Además, está disponible en este enlace: https://idartesencasa.gov.co/literatura/libros/bogota-y-medellin-contadas. Impreso o digital, de acceso gratuito para el público.
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Leer y compartir
La Alcaldía Mayor de Bogotá, mediante el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), cuenta con Libro al Viento, un programa que fomenta la lectura con circulación de libros en espacios como parques, salas de espera, transporte público, plazas de mercado, cárceles y hospitales. Invita a leer los libros – bienes públicos – y a compartirlos para que otros lectores también los disfruten.
Bogotá y Medellín contadas es un título de la Colección Capital de Libro al Viento. “Es una edición especial que celebra la hermandad cultural entre Medellín y Bogotá D. C.”, se lee en sus preliminares.
Las alcaldías de Bogotá y Medellín imprimieron unos 15 000 ejemplares para distribuir en las dos ciudades, en Transmilenio y el sistema Metro, en bibliotecas y otros espacios públicos.
Javier Beltrán es el director editorial de Libro al Viento y de Bogotá y Medellín contadas. “Desde 2024 – explica –, la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá viene haciendo hermanamientos culturales con otras ciudades de Colombia y uno de los puntos de esa hermandad cultural es hacer una publicación de Libro al Viento. En 2024 fue Cali y en 2025 trabajamos con Medellín”.
Javier Beltrán, director editorial del programa Libro al Viento de la Alcaldía Mayor de Bogotá y de la obra Bogotá y Medellín contadas
El secretario de Cultura Ciudadana de Medellín, Santiago Silva Jaramillo, expresa acerca de esta acción conjunta: “Programas como Libro al Viento están en plena sintonía con nuestras convicciones y con el propósito de seguir transformando a Medellín en una ciudad lectora: garantizar el acceso y la democratización de la lectura para todas y todos, fortalecer la cadena del libro y abrir más oportunidades para nuestros creadores locales”.
Santiago Silva Jaramillo, secretario de Cultura Ciudadana de Medellín, en la jornada de distribución de Bogotá y Medellín contadas en la estación San Antonio del metro.
Para la Secretaría de Cultura Ciudadana, además, fue una oportunidad para poner en conversación, en el ámbito nacional, los procesos que se lideran desde el Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación en materia de bibliotecas públicas y fomento de la lectura, la escritura y la oralidad.
Las montañas
Entonces, se reunieron funcionarios de ambos distritos – de Idartes, la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá (BibloRed) y la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín – y pusieron en marcha el proyecto.
El bogotano Javier Beltrán, quien también es DJ e integrante del colectivo musical La Recontra, viaja con frecuencia a Medellín por actividades culturales: “Le tengo un cariño grande a Medellín. Me siento como en una casa cada que voy, por la frescura”, anota. “Aquí (en Bogotá) somos un poco más parcos”.
De izq. a der., Isabel Botero, Paula Camila O. Lema, Claudia Amador, Juan Salazar Piedrahita y Santiago Rivas, durante el lanzamiento de Bogotá y Medellín contadas en la Biblioteca Pública Virgilio Barco de Bogotá
En sus palabras, los seis autores “son plumas potentes que están muy vigentes, conocen sus ciudades y dicen mucho”. Para él, lo más difícil de la producción de este libro fue “darle forma a un tema que parecía fácil. Plantear algo que uniera los seis textos fue un aprendizaje muy significativo”. Cada uno pensó qué iba a buscar en las montañas y eligió su ruta.
El Metrocable, uno de los referentes de Medellín
Fuego y viento
Paula Camila O. Lema conoció Bogotá a los 17 años, cuando se ganó un concurso departamental de ortografía. Nació en Medellín, vive en esta ciudad y siente un gran cariño por la capital. Allá residió más de dos años. Buena parte de ese tiempo, con su pareja, un hombre con el que tuvo una relación sentimental que ahora cerró en el capítulo que escribió en este libro.
Fuego y viento en la montaña se titula el texto de Paula, en el que combina partes de su historia amorosa con su visita a Sibaté, municipio de Cundinamarca ubicado al sur de Bogotá, desde donde tomó la ruta hacia el páramo de Sumapaz para encontrarse con la montaña y conversar con el artista sonoro y escultor Leonel Vásquez, autor de la obra Templo del agua Sumapaz, y con su esposa, Esmeralda Ramírez, otra artista sonora: cantora, pedagoga musical y directora coral. Conectar esos dos frentes fue lo más difícil para ella en un relato en el que la locura tiene un rol especial.
Canto rodado, obra del artista sonoro y escultor Leonel Vásquez
En la conversación que tuvimos, la cronista y editora hizo un contraste entre Bogotá y Medellín: “No iba a Bogotá desde 2018. Bogotá me recuerda lo que odio de Medellín, es la antítesis de cosas que me molestan de acá, como cierta mentalidad de provincia. Bogotá es mucho más silenciosa, por ejemplo”.
Atardecer en Bogotá
Expuso que muchos colombianos – no solo los paisas – tenemos una estrecha relación con la montaña: “Aquí (en Medellín) las montañas, la falta de horizonte, también nos dan cierta cerrazón mental”.
Parte del nororiente de Medellín.
El libro es de crónicas. Algunas con tono de ensayo, con elementos periodísticos, literarios e incluso antropológicos y sociológicos.
El Cucaracho
Andrés Ospina es bogotano con ancestros paisas. Uno de sus bisabuelos maternos era de Marinilla, municipio del Oriente antioqueño. Andrés conoció Medellín a sus 20 años, en 1996, días en los que estableció una relación sentimental con una amiga de Envigado, municipio vecino en el Valle de Aburrá.
“Mi genética es, en buena medida, paisa y cero por ciento bogotana, pero cada vez que voy a Antioquia mis parientes no reconocidos me gritan que tengo cara de rolo”, cuenta riéndose. “Siempre he sido un poco desubicado. En Bogotá uno acaba orientándose por los cerros y por la costumbre; en Medellín, en cambio, me pierdo con facilidad. Sobre todo, en barrios como Laureles, donde me alojé mientras escribía la crónica. Allá las direcciones parecen diseñadas para extraviar a cualquiera”.
Plaza Botero, en el centro de Medellín
“Creo que a Bogotá y a Medellín las une la misma geografía montañosa que las separa. Tal vez, por eso, rolos y paisas tendemos a malentendernos y a prejuzgarnos: venimos de territorios configurados de manera distinta, incluso en términos históricos, geopolíticos y urbanos. Los prejuicios, al final, son un atajo torpe a la razón, de lado y lado. Ambas ciudades tienen cosas espléndidas y cosas atroces, como Colombia misma. La experiencia de escribir sobre Medellín me ayudó a entenderlo”.
Biblioteca EPM en la plaza de Cisneros o parque de las Luces. Al fondo, el Centro Administrativo La Alpujarra. Centro de Medellín
Andrés dice en su relato que pensó en Frutos de mi tierra, del escritor antioqueño Tomás Carrasquilla: “¿Qué tal si regresáramos a los escenarios donde esa historia fue cocinándose, para ver qué ha sido de ese entorno?” Y así, se fue para El Cucaracho, en la actual comuna siete (Robledo), uno de los lugares de la novela de Carrasquilla.
Y en un taller en la Casa de la Literatura San Germán, también en la comuna siete, escuchó a Jhovanny Andrés, uno de los participantes: “Creen que diciéndome picachero me insultan. No se detienen a pensar que ese Picacho me muestra la ciudad completa, con lucecitas y todo”.
El Picacho
Narra Andrés en Manual de supervivencia rola en laderas ajenas: “El término ‘picachero’ me dispara recuerdos de música. Mi cabeza resuena al compás del gran Gildardo Montoya a dueto con Darío Gómez: ‘No sientas temor, mi vida. / Tú sabes de dónde soy. / No sientas temor, mi vida. / Tú sabes de dónde soy. / Yo soy de allí: del Picacho, (Picachito), Picachón’. Me pregunto qué diablos es un picachero y abandono el lugar, prometiéndome investigarlo”.
El Picacho, uno de los siete cerros tutelares de Medellín. Queda en el noroccidente de la ciudad y en su cima tiene la imagen de Cristo Salvador
Confiesa que hasta que llegó a Medellín, en su “rolísima montañerada”, supuso “que el término ‘cerros tutelares’ era patrimonio bogotano”. Ya estando en Medellín conoció la importancia de los cerros tutelares (son siete) para esta ciudad y visitó El Picacho, uno de ellos.
Después de su correría por la capital antioqueña, en la conversación que tenemos afirma: “Las fronteras las demarcamos nosotros mismos, cicatrices que dejan las guerras o la codicia humana”, cuando en realidad, agrega, “nos une la misma naturaleza”. En Medellín un taxista le habló de barrios “de invasión”. Sobre esto, piensa Andrés, “todo barrio es de invasión, porque los humanos somos invasores natos”.
Un libro de miradas cruzadas de escritores forasteros que me hizo pensar en mis vivencias en las dos ciudades. Nací en Medellín, me crie en Belmira (Norte de Antioquia) y he pasado más de la mitad de mi vida en Medellín, mi ciudad, a la que quiero y me duele con sus luces y sombras. Por fuera de Antioquia solo he vivido en Bogotá, donde estuve poco más de un año y me sentí muy bien.
Distribución del libro Bogotá y Medellín contadas en los sistemas de transporte masivo Transmilenio y Metro.
Bogotá y Medellín contadas me activó recuerdos, nostalgia y ganas de volver a la capital a conocer espacios y a reconocer otros. Desde antes de redactar este artículo le envié la edición digital del libro a gente cercana interesada en las dos ciudades. Superar los prejuicios, con el respeto como base, nos ayuda a integrarnos más como país.











