Salvador es la ópera prima de César Heredia ambientada en 1985 dedicada a Bogotá

 Salvador es la ópera prima de César Heredia ambientada en 1985, una época en la que Bogotá vivió la rutina de días de sospechas y de una latente inseguridad. Esta historia narra la historia de Salvador, interpretado por Héctor García (El Colombian Dream, 2006; Satanás, 2007), un particular sastre cuya cotidianidad se ve rota con la llegada de Isabel, interpretada por Fabiana Medina (La sargento Matacho, 2015; La toma de la embajada, 2000), la nueva y simpática ascensorista del edificio. Y aunque los días se tiñen con el espejismo de un sutil y torpe romance, los celos y la desaparición de un familiar afectan las decisiones de Salvador de la peor manera, justo cuando el Palacio de Justicia es tomado por el M-19.

El largometraje hace parte de la selección oficial del 60 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias -FICCI-, en la categoría de “Ficciones de aquí, de allá y acullá” y tendrá tres proyecciones durante el evento.

Precisamente los organizadores del FICCI 60 señalan que SALVADOR “es una historia y dos historias, porque su tragedia personal se desarrolla paralelamente a la de uno de los momentos trágicos más significativos de un país que de manera silenciosa, pasiva, monótona y cobarde, incapaz de asumir su responsabilidad activa – igual que el sastre- calla y asume su tragedia como si otra historia más luminosa y sincera no fuera posible”.

Para César Heredia, esta historia de cotidianidad que con muchas sutilezas y contención permite refrescar la memoria y reflexionar sobre uno de los capítulos más oscuros del país como fue la Toma del Palacio de Justicia, va más allá de un acontecimiento histórico que marcó la historia de Colombia hace 35 años “Mi intención es abordar y relacionar lo histórico y personal desde lo íntimo, desde la historia de amor, que poco a poco se ve entrelazada con los eventos sociales e históricos. Uso la memoria como eje de reflexión, tanto de los miedos personales -los que yo he vivido-, como los de una sociedad que, como a mí, le cuesta curar; y por eso le es más sencillo la huida, los prejuicios, la violencia y el olvido”, explica.

Fueron los recuerdos vagos del director los que dieron inicio al guion de la película, con las imágenes que varias generaciones tienen guardadas como tinta indeleble: la transmisión del asalto, que luego fue interrumpida por órdenes del gobierno y puesto un partido de fútbol, y la posterior retoma por parte del ejército en un espectáculo violento y devastador, en unos hechos que sucedieron a tan solo 20 cuadras de su casa y a tan solo tres calles de la sastrería de su abuelo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *