Por ejecución extrajudicial condenan a la Nación

En el solar de un asilo de ancianos en el municipio de San Rafael en Antioquia, la Cuarta Brigada del Ejército presentó los cuerpos de cinco personas como supuestos integrantes de las Farc muertos en una operación del 9 de marzo de 2002. Hubo una rueda de prensa por parte de altos mandos. Pero, según el expediente judicial que reposa en el Consejo de Estado, las víctimas no tenían nexos con grupos ilegales, hubo irregularidades en el manejo de la escena del crimen y en el manejo e inspección de los cuerpos. Otro caso de ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos”.

Así lo indicó el Consejo de Estado al condenar a la Nación, representada en el Ministerio de Defensa y el Ejército Nacional, por la muerte de una de las víctimas: Érika Viviana Castañeda López de tan solo 13 años. La niña murió por seis impactos de bala que recibió cuando iba en el platón de una camioneta a la altura del puente Los Balsos, en la vía que de San Rafael conduce a San Carlos en Antioquia. El Ejército alegó que las tropas del Batallón de Artillería No. 4 fueron atacadas y solo respondieron al fuego, sin querer causar daños a civiles. Pero no fue así.

La decisión del Consejo de Estado en poder de El Espectador da crédito a una serie de testimonios que reposan en los procesos penales y disciplinarios por este hecho, los cuales apuntan a que ese día el Ejército emboscó la camioneta en la que iban los estudiantes. ¿La razón? El objetivo era el conductor del vehículo Parmenio Usme, miembro de las Autodefensas. Días previos al ataque, dicen las declaraciones, el sargento Ever Ospina Martínez, se había reunido con un miembro de las Autodefensas conocido como El Diablo, quien le dio los detalles de en dónde iba a estar Usme.

“El comandante del segundo pelotón, que actuó como principal en la misión, tenía un propósito distinto, consistente en dar de baja a Parmenio y otros miembros de las Autodefensas, con fundamento en la información que Ever Ospina obtuvo de alias El Diablo, Tomate y/o Diablo Rojo”, dice el fallo. Usme sobrevivió y luego dio su versión ante Justicia y Paz. Ahora, ¿por qué los civiles iban en la camioneta? Porque, según dijo el propio Usme, este se ofreció a llevarl a Érika y una amiga, Deisy, ya que en la zona estaban en paro armado y a él muchas personas lo conocían en la región. En el camino recogió a tres personas más.

La decisión del Consejo de Estado en poder de El Espectador da crédito a una serie de testimonios que reposan en los procesos penales y disciplinarios por este hecho, los cuales apuntan a que ese día el Ejército emboscó la camioneta en la que iban los estudiantes. ¿La razón? El objetivo era el conductor del vehículo Parmenio Usme, miembro de las Autodefensas. Días previos al ataque, dicen las declaraciones, el sargento Ever Ospina Martínez, se había reunido con un miembro de las Autodefensas conocido como El Diablo, quien le dio los detalles de en dónde iba a estar Usme.

“El comandante del segundo pelotón, que actuó como principal en la misión, tenía un propósito distinto, consistente en dar de baja a Parmenio y otros miembros de las Autodefensas, con fundamento en la información que Ever Ospina obtuvo de alias El Diablo, Tomate y/o Diablo Rojo”, dice el fallo. Usme sobrevivió y luego dio su versión ante Justicia y Paz. Ahora, ¿por qué los civiles iban en la camioneta? Porque, según dijo el propio Usme, este se ofreció a llevar a Érika y una amiga, Deisy, ya que en la zona estaban en paro armado y a él muchas personas lo conocían en la región. En el camino recogió a tres personas más.

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