LEGARDA – Indignación Compartida

Colombia necesita estrellarse con casos traumáticos para abrir los ojos, reconocer la realidad y confrontarse con ella; de otro modo las verdaderas problemáticas vividas en el país pasarían por completo desapercibidas. Como en efecto suele ocurrir, pues una gran parte de la sociedad colombiana prefiere mantenerse firme en sus ideas y concepciones culturales (siendo indiferente y conviviendo de manera simultánea con las problemáticas presentes en la realidad), antes que reconocer esta realidad, antes que abogar por un cambio y antes que poner en juicio las visiones culturales preestablecidas.  Y fue precisamente esto lo que ocurrió hoy con la muerte totalmente inesperada y desafortunada del cantante Legarda. Los hechos ocurridos confrontaron a muchos colombianos, con crudeza, la realidad del país, su inseguridad y su injusticia.

A pesar de que sabemos que los fleteos, los hurtos, los robos y los atracos son un hecho que se presentan diariamente y de manera indiscriminada en los 32 departamentos que posee Colombia; a pesar de que las muertes causadas por o debido a ladrones desfilan por las noticias del país diariamente e incluso casi de manera rutinaria, hoy la muerte de Legarda representa lo que en su momento significó el atentado con ácido contra Natalia Ponce de León. Un alto reflexivo que me lleva a preguntarme hasta qué punto estamos dispuestos a normalizar la violencia y a considerar esta conducta como parte de nuestra cotidianeidad. Cuándo  realmente como ciudadanos vamos a levantar nuestra voz al Estado de manera vehemente, pacífica y atemporal, en defensa de nuestro derecho a la vida consignado en el artículo 11 de la Constitución; en defensa de nuestro derecho a la Seguridad Social (Artículo 48), o en defensa de nuestro derecho de “obligatorio cumplimiento” de la Paz presente en el artículo 22 de la Constitución.

Desde hace muchísimos años se llegó al momento en el que una “gota rebasó la copa” de la violencia en Colombia. Desde entonces, con cada muerte presenciada se han echado ‘gotas y más gotas a una copa manchada de sangre que hace mucho se rebasó’ pero que se muestra como inquebrantable: siempre soportando más y más. Anhelo –desde una perspectiva un poco ilusoria y utópica– que el suceso hoy vivido a las 5:15pm (muerte oficial de Legarda) haya provocado la ruptura definitiva de la copa, y que este sea un punto de quiebre definitivo para nosotros como colombianos. Y que, por consiguiente, el suceso no ostente la característica “pasajera”  que suelen tener el resto de noticias por más trágicas que resulten. En donde se genera una indignación e impetuosidad conmovedora pero transitoria…

Sueño con una Colombia en paz, en donde como colombianos dejemos de ser indiferentes a las problemáticas vividas y las afrontemos en unión y de raíz. Espero que en esta ocasión no se cumpla la regla en donde muy pocos afronten el “estrellón”, y que en la mayoría de los colombianos prime la indiferencia e ignorancia, antes que la capacidad de reconocer la realidad y sus problemáticas.

Publicado por: Carlos Esteban Arciniegas

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