George Orell, A Letter To My Son

George Orell, escritor de A Letter To My Son, donde en treinta y dos páginas tiene un impacto profundo con combinaciones inspiradores, una pequeña combinación de frivolidad y autenticas acerca de la sociedad moderna y centralista.

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Acá se encuentra una pequeña recopilación de extractos.
“El verdadero artista siempre ha tenido que estar en pie de guerra, pero la lucha que ahora libra es y será más feroz para ti, y para los artistas de tu generación, de lo que nunca haya sido. El hombre de la clase obrera esta vez gozará de mejores cuidados, recibirá la adulación de la prensa, se le sobornará con las tramas que urde Beveridge, porque es dueño de una gran cantidad de votos. ¿Quién va a cuidar en cambio de ti y de tu destino, quién se molestará por defender la causa del joven escritor, pintor, escultor, músico? ¿Y qué inspiración se os ofrecerá cuando el ballet, el teatro, la sala de conciertos se hallen en ruinas y, debido a la falta de adiestramiento, no haya grandes artistas de la escena por espacio de varias décadas? Por encima de todo, no subestimes la cantidad ni la intensidad de la inquina que sentirá por ti tantísima gente, y no me refiero al hombre de la clase obrera, pues si bien no tiene una gran educación sí siente un vago respeto por las artes, y carece de ideas preconcebidas; tampoco me refiero a los patricios que puedan quedar, sino al inmenso ejército que habrá entre uno y los otros, la gruesa clase media, los hombrecillos de medio pelo. Y aquí he de hacer mención especial del funcionario en tanto enemigo… En el mejor de los casos, os aplastarán entre la pequeña pero poderosa y autoritaria minoría de los directores artísticos, los embusteros de los museos, los editores, los periodistas y los profesores (que, por hacerles justicia, tratarán de ayudaros siempre y cuando escribáis tal cual os indiquen), además del resto inmenso a quienes ha de darles igual, a quienes de hecho complacerá si os ven morir de hambre. Y es que nosotros los ingleses somos únicos en que, si bien nuestra nación produce arte, no amamos el arte. En el pasado, las artes dependían de un reducido número de mecenas muy adinerados. El enclave formado por ellos nunca se ha restablecido. El mismo nombre de “amante del arte” hoy apesta… Los privilegios que hoy tienes, como artista, son los mismos de Ismael, y todos los hombres capaces están en tu contra. Recuerda, por tanto, que los parias y los marginados no tienen nada que temer”.

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