125 años después, el pasaje Rivas del centro de Bogotá sigue vivo

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Sus artesanías han hecho del lugar un sitio de herencia cultural.

 

Pasaje Rivas, ‘mercancías para negocios’, este es el emblemático letrero que siempre ha identificado a este lugar, uno de los más famosos del centro de Bogotá. Al entrar, de inmediato se percibe un olor a madera, a canasto y el calor humano de la gente que lo habita.

 

Dicen por ahí que podría ser el primero centro comercial en funcionar sobre estas tierras. Este clásico nació en 1893, cuando el país era gobernado por Rafael Núñez, y aunque ha pasado por momentos difíciles, sigue vivo en la calle 10.ª con carrera 10.ª, en el barrio Centro Administrativo de la localidad de La Candelaria. Aseguran que el día de su inauguración el invitado especial fue el poeta José Asunción Silva.

 

Quien tuvo esta idea, en una época en la que la capital apenas se erigía como el centro del país, fue el filántropo Luis G. Rivas. Él dio la orden de construir lo que en su cabeza se concebía como un paraje comercial al mejor estilo parisino, un sitio elegantísimo a donde acudiría lo más selecto de la capital.

 

Su creador pensaba comercializar, en finas estanterías, sastres, sombreros o paños elegantes, muy codiciados en aquella época, pero lo cierto es que el sueño se le vino abajo a causa de los olores nauseabundos que provenían del canal San Francisco. A todo esto se le sumaron las ‘chicherías’, las ventas ambulantes de animales y comida, hasta minar el propósito inicial de la infraestructura. Los ciudadanos de alta alcurnia nunca pisaron sus pasillos.

 

Es que allí se consiguen desde canastos, chochos, cerbatanas, hasta los carrieles paisas de Jericó, Antioquia, tan buscados por algunos sectores de la población. “Nosotros vendemos el carriel, el caballo de palo y las fundas para el machete. El de nosotros es un trabajo familiar. La herencia se la trasmitieron mis abuelos a mis papás y ellos a nosotros. Llevamos años trabajando con esto. Es lindo porque ahora hacemos productos más económicos para que los niños los usen en sus colegios y actividades”, contó Angie Tatiana Pinilla, quien está hace 15 años en el pasaje.

 

Otros trabajos son de mayor calidad porque ellos compran cuero en las curtiembres de San Benito, los llevan a troquelar en máquinas para sacar los moldes que luego se mejoran para darles forma. “Todo lo hacemos manualmente”, anadió la artesana.

 

El pasaje Rivas fue declarado como bien de conservación arquitectónica por el edificio que data de 1893 y que es de estilo neocolonial republicano, pero también es considerado patrimonio inmaterial cultural de Bogotá porque se venden productos de carácter popular e instrumentos musicales como la marrana, la marimba de chonta, la flauta de millo o la gaita San Jacinto. “Son muchos objetos culturales los que nosotros rescatamos a través de este comercio”, afimaba Angie.

 

Por todo esto, el próximo 19 de marzo, Día del Artesano, celebrarán el cumpleaños número 125 del pasaje Rivas. Habrá una exposición de arte, muestra del vestuario de la época y del patrimonio artesanal, así como de cerámica, alfarería, orfebrería, tejidos en fibra, talabartería, pintura y tallado, cestería, bordados y telares.

 

El rojo atardecer de Bogotá tiñe el ambiente; poco a poco, los compradores disminuyen, se van felices, tienen en sus manos lo que estaban buscando.

 

Así será la jornada el 19 de marzo

 

8:30 a. m. Santa Misa en la iglesia de La Concepción de la carrera 9.ª n.° 10-19.

10 a. m. Actos protocolarios.
11:30 a. m. Presentación de música republicana y tradicional de Bogotá.
2 p. m. Descubrimiento de placa conmemorativa alusiva a los 125 años del pasaje Rivas.
3 p. m. Verbena popular.

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